Antes de levantar una copa hay que aprender a lustrarse las botas.

En estos días donde el mundo vuelve a mirar fútbol por la llegada del Mundial, encontré una reflexión de Gabriel Batistuta que me hizo pensar mucho en el malambo.
Batistuta contaba que cuando era chico se levantaba temprano, le preparaba el mate a su padre y le lustraba los zapatos.Y después decía algo todavía más importante:
que hubo tres valores que marcaron toda su carrera.
- Tener un objetivo claro.
- Mantener la humildad.
- Y sostener la disciplina.
No hablaba solamente de entrenar.
Hablaba de disciplina mental.
De seguir incluso cuando nadie te aplaude.
De creer cuando todavía no pasó nada.
Y ahí entendí algo.
El malambo y el fútbol se parecen más de lo que muchos creen.
Porque un jugador puede entrenar cuatro años para jugar siete partidos.
Y un malambista puede entrenar toda una vida para cinco minutos arriba de un escenario.
Detrás de esos minutos hay dolor, repeticiones, frustraciones, viajes, ampollas, cansancio y dudas.
Pero también hay carácter.
Por eso la disciplina no empieza cuando llegás al escenario.
Empieza mucho antes.
Empieza cuando nadie te está mirando.
Cuando repetís una mudanza una vez más.
Cuando volvés a entrenar aunque estés cansado.
Cuando seguís creyendo aun sin resultados inmediatos.
Quizás por eso me quedó dando vueltas esta frase:
“Antes de levantar una copa…
hay que aprender a lustrarse las botas.”
Porque antes del reconocimiento, siempre existió el trabajo invisible.
Escuchar el podcast " EL MALAMBO SEGUN CRISTIAN MALDONADO"
— El Malambo según Cristian Maldonado


